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Mobbing / Acoso familiar

No siendo tan bien conocido ni reconocido, el acoso familiar tiene parecidas características, mecanismos de desarrollo y connotaciones que el bien estudiado y tipificado fenómeno que en el ambiente laboral se denomina mobbing, acoso u hostigamiento laboral.

Se produce acoso familiar cuando uno o más familiares, consciente o inconscientemente, tácita o explícitamente, llevan a cabo acciones reiteradas de exclusión, ninguneo, burla, desprestigio sistemático, etc. hacia un nuevo miembro de la familia (normalmente la pareja del hijo/a), pero igualmente puede darse con miembros consanguíneos (hermano/a, hijo/a).

De forma parecida al mobbing, la víctima de acoso familiar no siempre es consciente ni conocedora del poder de la exclusión social al que está siendo sometida, sobre todo, porque su pareja no ve, no tiene la capacidad de ver o no vive de la misma manera lo que está/n haciendo el/los miembro/s de su familia que acosan o aquellos que, con su actitud pasiva, por no hacer nada al respecto, están permitiendo la situación.

La pareja de la persona acosada, por formar parte del sistema familiar y disponer de filtros selectivos, no percibe el fenómeno de la misma manera y consecuentemente, tiende a minimizar o soslayar el comportamiento de su familia y sus efectos, con lo cual se convierte, indirecta e involuntariamente, en alguien que también, por su pasividad o indefinición está favoreciendo el desarrollo del fenómeno, incrementado, así, el poder acosador de la familia.

Lo que transciende de esta exclusión familiar, es que al que realmente están acosando es al propio hijo/a (hermano/a) al no respetarle sus decisiones o deseos vitales: salir con la persona que ama, estudiar la carrera o la profesión que quiere, etc. De esta manera queda castigada, de una u otra manera, cualquier opción que tome el hijo/a, (hermano/a) con la que no esté de acuerdo el familiar acosador, todo ello para conseguir que haga aquello que éste desea, aunque vaya en contra de la propia voluntad del hijo.

En una palabra, no se tiene en cuenta al hijo, sino sólo el propio deseo del acosador de lo que cree que debe de hacer el otro para su propio beneficio. Por ejemplo, que no se case, para que el hijo se quede en casa y puedan de paso beneficiarse de su sueldo, por ser una familia con límites demasiado rígidos, etc. Esta estrategia practicada durante años puede hacer que el propio hijo se resienta psicológicamente y entre en indefensión. Al no saber defenderse a sí mismo, menos aún podrá defender de su familia a su pareja.

Las consecuencias para la persona acosada pueden llegar a ser muy serias, si persiste el fenómeno, con pérdida de autoestima, depresión, ansiedad y la salida de la familia, que es lo que se pretendía. En muchos casos, este hostigamiento acaba incluso con la ruptura de la pareja por causas externas a la propia dinámica interna de esta relación, quedando sus miembros muy dolidos, incomprendidos mutuamente y sin que nadie sepa, incluso la parte acosadora, a ciencia cierta, qué es lo que ha pasado realmente. En fin, una situación que provoca un daño irreparable, en la mayoría de los casos, en muchas personas.

Afortunadamente, este lamentable final se puede evitar cuando se poseen las herramientas psicológicas adecuadas para detectar y afrontar este tipo de relaciones patológicas y así impedir que la/s posible/s víctima/s salga/n perjudicada/s irremediablemente.

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